Potenciómetro, pulsaciones o sensaciones... ¿Cuál es tu entrenamiento ideal?

A la hora de mejorar nuestro rendimiento sobre la bicicleta, contamos con diversas herramientas que nos pueden servir de ayuda pero... ¿Son todas necesarias? ¿Se deben combinar entre ellas?

Potenciómetro, pulsaciones o sensaciones... ¿Cuál es tu entrenamiento ideal?
Autor Maillot Redacción
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Fecha de la noticia01/06/2022


El entrenamiento en ciclismo ha avanzado en las últimas décadas de forma agigantada y, lo que antiguamente era lo más habitual, como guiarse por las sensaciones, parece que ha quedado denostado para algunos sectores. De igual forma, en el extremo opuesto, el uso de potenciómetros ha aumentado muchísimo, incluso, en ciclistas de fin de semana que simplemente salen con su grupeta o club, cuando a lo mejor no le están sacando el máximo partido a dicha herramienta. En el punto intermedio, la frecuencia cardíaca es la metodología, a priori, más extendida para la gran mayoría de ciclistas a la hora de controlar y mejorar sus resultados.

En MaillotMag no somos partidarios de posicionarnos radicalmente a favor de una metodología porque, simplemente, todas tienen sus ventajas e inconvenientes. Por lo que vamos a tratar de analizar todas ellas, teniendo en cuenta tus necesidades y características como ciclista.

Sensaciones

Hasta la aparición de los primeros pulsómetros, en los años 80-90, el entrenamiento por sensaciones fue la práctica habitual dentro del mundo del ciclismo, tanto a nivel profesional como aficionado. Y es que, en este sentido, todavía a día de hoy, no hay como 'conocerse a sí mismo' para evaluar la efectividad de cada una de nuestras salidas en bicicleta.

En este sentido, cobra especial importancia el saber escuchar a nuestro cuerpo, tanto antes como durante y después del entrenamiento. Por ejemplo, si durante la noche previa no hemos descansado bien, puede ser conveniente rebajar nuestras expectativas de cara a la ruta para no acabar desfondados. De igual forma, si durante el pedaleo no encontramos ese punto de comodidad óptimo, es probable que tengamos que levantar el pie. Y lo mismo si vemos que vamos 'sobrados', a lo mejor nos podemos permitir poner un puntito más.

Las horas posteriores, conviene también escuchar a nuestros músculos para saber si nos hemos pasado de vueltas, la sesión ha sido efectiva o nos hemos quedado cortos. De esta forma, podremos ir adaptando las próximas salidas. En este sentido, para ciclistas esporádicos que no ansían más que pasar un buen rato montando en bici y evolucionar sin prisas, por el mero hecho de mantenerse en forma, el entrenamiento por sensaciones puede que sea más que suficiente. Eso sí, a partir de cierta edad o si has sufrido algún problema serio de salud, no está de más someterse a una prueba de esfuerzo y comenzar a utilizar el pulsómetro para controlar los esfuerzos.

Pulsómetro

Cómo decíamos, hasta hace relativamente poco tiempo los medidores de frecuencia cardíaca eran el método predominante en el campo profesional. Y es que, conociendo los datos de frecuencia cardiaca máxima, a partir de nuestra edad, estatura, peso, etc... podemos conocer las franjas o intevalos en los que nuestro rendimiento mejora, tanto de forma aeróbica como anaeróbica, de forma instantánea mientras pedaleamos.

Además, los pulsómetros nos dan otras muchas pistas acerca de nuestro estado actual de forma. Por ejemplo, si antes de comenzar a pedalear, nuestra frecuencia cardiaca en reposo es más alta de lo habitual, puede que hayamos descansado poco o hayamos tomado más café de la cuenta o alcohol la noche previa. De igual forma, sobre la marcha, si vemos que nos cuesta alcanzar nuestra frecuencia máxima en series de fuerza, a pesar de tener piernas en principio para ello, puede que no hayamos recuperado bien de la sesión anterior o estemos sobreentrenados.

El pulsómetro es, por tanto, una herramienta muy útil, tanto para el ciclista esporádico que quiere tener controlado su corazón, como para el que ya se exige un poco más en cada salida y busca mejorar con el objetivo de alcanzar alguna meta, por ejemplo, participar en una marcha cicloturista o carrera amateur con garantías.

Su precio, además, es muy asequible y la integración/compatibilidad con los sistemas GPS que habitualmente llevamos en el manillar, está plenamente extendida entre las marcas.

Potenciómetro

La llegada de los potenciómetros al mundo del entrenamiento en ciclismo ha revolucionado la metodología de muchos profesionales... y no tan profesionales. Porque ahora no solo de trata del control de la fatiga y la medición del progreso -algo que ya teníamos con el pulsómetro-. Los medidores de potencia nos permiten controlar de forma objetiva la carga o fuerza que aplicamos sobre los pedales, por lo que podemos planificar la intensidad de los entrenamientos con mucha mayor exactitud.

Y no solo en los entrenamientos... ¿quién no ha visto a más de un profesional, ascendiendo un puerto en competición, echar un vistazo a los datos de potencia que aparecen en su monitor, antes de decidir si lanza un ataque o se queda a rueda? En este sentido, para muchos, la llegada de los potenciómetros al ciclismo ha restado espectáculo al ciclismo, como ocurre con el tema de los 'pinganillos', pero eso es otro debate...

La eficacia de los potenciómetros y su beneficio en el entrenamiento está, por tanto, más que contrastada. Otro tema es... ¿necesitamos todos utilizar potenciómetro? Pues depende de tus objetivos: si eres un ciclista meticuloso, que cuida tanto el entrenamiento como la alimentación y el descanso, y quiere tener todo bajo control, probablemente un potenciómetro sea perfecto para tí.

Hay que tener en cuenta, además, que los potenciómetros actuales ofrecen tal cantidad de datos e información que se te pueden 'atragantar' si no tienes alguna noción básica de entrenamiento. Incluso, podemos caer en el error de comparar nuestros datos de potencia con los de otros compañeros de grupeta y, con la 'obsesión' de querer mejorar, llegar al sobreentrenamiento.

Su precio, además, no está al alcance de todos los bolsillos -aunque cada vez son más asequibles- y muchos pueden preferir invertir ese dinero en mejorar algún componente puntual de su bicicleta. Aquí se abriría otro debate mil veces planetado: ¿Invertir en mejorar tu estado de forma o en rebajar 1 kg de tu bici?

Lo que está claro es que la virtud está en el punto intermedio... y dependiendo del 'tipo de ciclista' que seas te vendrá mejor una u otra metodología, o la combinación de algunas o todas ellas. Las sensaciones, por suerte, siempre van a estar ahí, por mucho que la tecnología nos facilite la tarea.

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