La arraigada cultura ciclista de Copenhague

La ciudad de Copenhague siempre ha sido ciclista, (casi) siempre han elegido la bicicleta como medio de transporte habitual y, aunque la llegada del coche supuso una pequeña crisis, supieron solventarla. Te contamos la historia ciclista de Copenhague.

La arraigada cultura ciclista de Copenhague
Autor Maillot Laura Rincón
Autor de la foto
Alberto Álvarez - Nationalmuseet

Fecha de la noticia13/11/2021


Copenhague es una ciudad que nada tiene que envidiar a Ámsterdam en términos de movilidad urbana. En la capital de Dinamarca hay más bicicletas que habitantes y el 49% de los habitantes utilizan la bicicleta como medio de transporte habitual. Pero no es solo eso, la bicicleta no es una moda, existe una cultura ciclista arraigada. Los ciudadanos dan por hecho que se van a mover en bici porque, para ellos, es la forma más rápida de llegar a su destino.

Gracias a esa cultura ciclista, en Copenhague eres capaz de escuchar el piar de los pájaros, a los niños jugando en el parque o el sonido de la bicicleta al pedalear, algo impensable en otras grandes urbes del mundo, donde el rugir del motor de los coches es el principal protagonista. Y a pesar de que las bicicletas sean protagonistas en la ciudad, el gobierno quiere más, sigue incentivando  el uso de la bicicleta.

Antes, Copenhague también era ciclista

Vamos a remontarnos mucho tiempo atrás, antes de que surgiese el coche, cuando las ciudades casi no tenían ni calles y, por supuesto, nada estaba asfaltado. En ese momento, allá por 1890, la bicicleta era el medio de transporte dominante en Copenhague, había unas 2.500 bicicletas en la ciudad. Esas cifras continuaron subiendo y llegaron a rondar las 80.0000 tan solo 17 años más tarde.

Además de los habitantes, el gobierno instauró la bicicleta para trabajadores del estado. Uno de los primeros en hacerlo fue el ejército danés que en 1888 se hizo con bicicletas para sus empleados, más tarde fue la compañía de telégrafos, en 1890 y nueve años más tarde el servicio de alumbrado, los bomberos, la policía y la compañía telefónica utilizaban la bicicleta como medio habitual para realizar sus labores.

Militares en bicicleta en Copenague.

En 1890, las mujeres también comenzaron a moverse en bicicleta. De hecho, el auge fue tal que los distribuidores tuvieron algunos problemas para favorecer la demanda de bicicletas para mujeres.

Los primeros carriles bici

En 1892, cuando la bicicleta ya era dominante, los usuarios se encuentran con las dificultades de un pavimento que no era amigable y, gracias a asociaciones ciclistas del momento, consiguieron crear los primeros carriles bici, asfaltaron la calzada. Aunque realmente no eran más que unas franjas estrechas al borde de caminos y carreteras.

Ciclistas en Copenague

No pasaron muchos años hasta que el coche llegó a las ciudades, el vehículo moderno intentaba hacerse un hueco. Fue ahí cuando se empezaron a construir más carriles bici, los gobiernos sabían que eso iba ayudar a la llegada del automóvil. Estas infraestructuras, que en un principio habían sido pensadas para las bicicletas, pasaron a ser las carreteras de los coches. En las ciudades modernas, en las ciudades del futuro, esas que se cosntruyeron en los periodos de entreguerras, había demasiadas bicicletas. En todo el mundo se empezó a marginar a este medio de transporte, no sin oposición, pero el coche ganó la batalla, parecía que no había nada que hacer.

El cambio en la cultura ciclista

Sin embargo, en Copenhague no pasó lo mismo que en otras ciudades, nunca se dejó de lado por completo a la bicicleta. Disminuyó su uso con la llegada del vehículo a motor pero seguía utilizándose. Aunque ya no era habitual ver a todas las clases sociales sobre ella, los más ricos se habían pasado al coche y los inmigrantes fueron los principales usuarios.

Ciclista en Copenhague

El gobierno apoya de nuevo el ciclismo urbano

El gobierno danés volvió pronto a apostar por la bicicleta. Desde 1995 medían cada dos años el número de usuarios y en 2012 publicaron la primera estrategia de la bicicleta.  Con este plan pretendían, además de aumentar las infraestructuras ciclistas, incentivar el uso de la bici disminuyendo el riesgo, aumentando la seguridad y comodidad, y reduciendo los tiempos de viaje. Y lo consiguieron.

Ciclista en Copenhage

Con estas nuevas medidas, el ciclismo urbano creció notablemente. El gobierno comenzó con iniciativas en la capital, pero pronto inició esta batalla a nivel nacional con el objetivo de unir el resto de pueblos y ciudades con insfraestructuras ciclistas, las famosas autovías ciclistas de Dinamarca.

Copenhague en la actualidad

Como decíamos al principio del artículo, el ciclismo urbano hoy en día en Copenague no es una moda, hay una cultura ciclista detrás que se ha arraigado durante todos estos años. Sin duda, las medidas de los gobiernos y su esfuerzo por hacer que no solo la capital, si no que el país entero, se conviertan en pioneros en cuanto al ciclismo urbano, ha ayudado. También lo ha hecho su constancia, a pesar de estar haciéndolo bien, han seguido implementando medidas para que cada vez haya más ciclistas urbanos rodando por la ciudad.

Ciclistas en Copenague

Una de las cosas que, posiblemente, ha funcionado mejor, es que a los niños desde bien pequeños se les ha inculcado la bicicleta como medio de transporte. No solo porque han ido en las bicicletas con sus padres casi desde que tienen uso de razón, si no porque en los colegios hay educación gratuita ciclista para todos los escolares, ofreciendo también clases de seguridad vial para evitar muertes y accidentes.

Ciclista en Copenhage

Otras de las medidas que ha sido muy sonada, incluso fuera de Dinamarca, es que los empleados que se desplazan en bici al trabajo, además de en casi todas las oficinas contar con vestuarios y duchas, se desgravan impuestos por cada kilómetro recorrido.

Hoy en día, si viajas a Copenhague, es habitual ver a un padre o una madre con uno, dos, o incluso tres hijos en su bicicleta, a una chica con tacones y vestido, a un hombre en traje, a otro en chándal, a una señora mayor con un bastón agarrado en la parte trasera de la bicicleta y a un señor mayor con un perro en su cesta. La bicicleta no entiende de edades, ni de raza, ni de sexos en la capital danesa.

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