¿Y si las bicicletas ya no son para el verano? Cambio climático y ciclismo

El calor extremo está cambiando los hábitos del ciclista. Analizamos cómo el cambio climático influye en la ‘temporada alta’ del ciclismo, redistribuye las rutas y modifica los hábitos de los aficionados.
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Autor Maillot Víctor Marcos
Autor de la fotoArchivo

Fecha de la noticia 24/08/2026


Las bicicletas son uno de los símbolos indiscutibles del periodo estival, tanto a nivel deportivo como a nivel lúdico. Basta recordar aquellas bicicletas míticas que nos acompañaban a los que ya peinamos canas durante los veranos en el pueblo. O cómo el verano siempre ha sido ese momento en el que muchos nos centrábamos para obtener nuestro pico de forma y participar en la marcha cicloturista de turno.

Durante décadas, el verano ha sido la ‘temporada alta’ del ciclismo: días más largos, grandes vueltas en la televisión y puertos de montaña. Sin embargo, algo está cambiando en la carretera. Las olas de calor extremo, cada vez más frecuentes y severas, están desafiando esta tradición histórica.

En un escenario donde el termómetro supera con facilidad los 40°C, incluso, en latitudes del norte peninsular, con mínimas nocturnas que tampoco descienden como antes, la pregunta es inevitable: ¿Y si las bicicletas ya no son para el verano? El cambio climático no solo está alterando el planeta; también está transformando la relación del ciclista con su deporte.

El impacto fisiológico del calor extremo en el ciclista

El rendimiento y la seguridad sobre dos ruedas tienen límites biológicos claros. Cuando la temperatura ambiente roza o supera la corporal (36,5-37°C), el mecanismo natural de refrigeración del cuerpo -la sudoración- pierde eficacia, especialmente con humedad alta.

Deshidratación acelerada: A 35°C, un ciclista puede perder entre 1,5 y 2 litros de sudor por hora.

Aumento del esfuerzo cardiovascular: El organismo reorienta el flujo sanguíneo hacia la piel para disipar calor, lo que eleva las pulsaciones para mantener el aporte de oxígeno a los músculos.

Riesgo de golpe de calor: El estrés térmico reduce el rendimiento entre un 15% y un 20% y eleva el riesgo de mareos o síncopes.

La edad, factor importante: Hay que tener en cuenta que a partir de los 40 años las glándulas sudoríparas reaccionan con mayor lentitud y el reflejo de la sed se atenúa, lo que facilita la deshidratación involuntaria. Mientras que a partir de los 60 años la vasodilatación periférica pierde eficacia. El corazón debe realizar un sobreesfuerzo para bombear sangre hacia los músculos y la piel simultáneamente, con el riesgo cardiovascular que ello supone.

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De la ‘temporada alta’ a la desestacionalización del ciclismo

El impacto del calor está reconfigurando el calendario del aficionado y redistribuyendo la práctica hacia horarios y meses que antes se consideraban secundarios. El pico de actividad ciclista, normalmente concentrado en los meses de julio y agosto, podría verse desplazado a la primavera o el otoño.

En cuanto a los horarios, la subida de las temperaturas obliga a muchos usuarios a madrugones mucho más exhaustivos, con el objetivo de finalizar la ruta a media mañana, algo que no todos los ciclistas están dispuestos a hacer o tienen la disponibilidad para ello. Además, la posibilidad de las rutas nocturnas, especialmente factibles en MTB o gravel, también está en peligro, ya que los termómetros ya no bajan tanto como antes cuando se pone el sol.

Por lo que respecta a los destinos, a partir de cierta fecha los enclaves de costa y montaña ya no resultan tan atractivos, a no ser que te decantes por el norte peninsular o por zonas de alta montaña.

De hecho, no resulta extraño contemplar como algunos ciclistas ya prefieren quedarse en casa entrenando con el rodillo, haciendo uso de plataformas virtuales, y bajo el aire acondicionado, antes que salir a rodar un par de horas con temperaturas superiores a los 35°.

Por último, a nivel profesional, las altas temperaturas afectan cada vez más al desarrollo normal de las competiciones. Durante la pasada edición del Tour de Francia alguna etapa se vio recortada, en aplicación del Protocolo de Clima Extremo de la UCI, además de flexibilizar los puntos de avituallamiento o adelantar los horarios de salida.

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¿Qué pasa con las marchas cicloturistas y los fabricantes de bicicletas?

Esta tendencia alcista de las temperaturas ya está afectando en cierto modo al calendario de marchas cicloturistas, especialmente en el sur de Europa, con organizadores que adelantan sus fechas a mayo-junio o las retrasan a septiembre-octubre. Un buen ejemplo en nuestro país lo tenemos en ‘La Perico’, tradicionalmente organizada a mediados de agosto y que ahora se celebra a finales de junio.

En cuanto a las marcas de bicicletas, el verano siempre se ha asociado a los grandes lanzamientos de nuevos modelos. En el caso del ciclismo de carretera, por ejemplo, asociados siempre al inicio del Tour de Francia. Y, aunque el calendario de los fabricantes también se ha ido desestacionalizando en las últimas temporadas, el hecho de que la práctica ciclista pueda ir perdiendo adeptos y practicantes durante el período estival, esto podría obligar a las marcas a replantearse las fechas de presentación de algunas de sus nuevas bicicletas.

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Un ciclismo de cuatro estaciones

Decir que las bicicletas ya no son para el verano no significa que vayan a desaparecer las carreras durante los meses calurosos o que los ciclistas aficionados dejen de salir a la carretera o los caminos. Pero lo que sí es cierto es que el verano está dejando de ser la estación por excelencia para la bicicleta.

El otoño y la primavera se perfilan como las alternativas más viables para disfrutar de la bicicleta, ofreciendo temperaturas templadas sin el desgaste extremo del calor. Incluso el invierno, salvo días puntuales, es una magnífica opción, ya que las temperaturas ya no son tan frías como años atrás.

En definitiva, se trata de adaptarse a las circunstancias del cambio climático para seguir disfrutando de la herramienta de libertad, salud y diversión que es la bicicleta.

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