¿Qué ocurrió…? El uso de los cascos en el pelotón

Hace algo más de 15 nadie en el pelotón profesional llevaba casco. Llevaban viseras, gorras, pañuelos o el pelo teñido de rubio, pero cero protección cuando rodaban a más de 100 km/h con neumáticos de 19 mm. Esta es la historia de la llegada del casco.

 Uso de los cascos en el pelotón. Normas UCI.
Autor Maillot Alberto Álvarez
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Fecha de la noticia28/02/2019


El 12 de marzo de 2003, mientras se disputaba la segunda etapa de la París-Niza, el corredor kazajo del Cofidis Andrei Kivilev, sufría una tremenda caída que le dejó con varias costillas rotas, fractura craneal y un coma que lo condenaría a la muerte un par de días más tarde en el hospital de Saint-Étienne. Andrei tenía 29 años. Pasado un mes del accidente de Kivilev, la UCI introdujo en su reglamento una de las leyes más aplaudidas de la controvertida institución suiza; la obligatoriedad del uso del casco en el pelotón profesional.

Breve historia del casco en el ciclismo

Desde que la bici llegó en formato velocípedo sobre el 1860, el tema de la seguridad y la protección de la cabeza han sido uno de los puntos más a tener en cuenta a la hora de ponerte a dar pedales y no morir en el intento. Cuando en los 70 (1870) la rueda delantera amplió su diámetro a dimensiones circenses y se recubrió con caucho la llanta, las ‘bicis’ del momento comenzaron a ir tan rápido como a caer igual de rápido. Y salir por delante en una bici con semejante altura seguro que no era nada agradable.

Además, como la bici del momento molaba y molaba mucho, se comenzaron a crear clubes (ya estamos hablando del 1880) y las carreras eran casi ‘a muerte’ y no en sentido figurado… Con la velocidad llegó la necesidad de protegerse y con ello comenzaron a usar los llamados ‘salacot’ que no eran más que una especie de sombrero realizado con tiras de palma y recubierto de lona, que duraba una caída, pero que al menos protegía algo. ¿Sabéis el típico sombrero de explorador a caballo? Pues ese.

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Del “look” explorador nos vamos a principios del siglo XX, donde las carreras de ciclismo empezaban su eclosión y donde comprobaron de manera lógica que las peores lesiones y/o accidentes tenían como punto de mira la cabeza del ciclista. Aquí es donde las ‘chichoneras’ de nuestra historia más reciente comenzaron a evolucionar súper rápido, con diferentes tiras de piel rellenas de lana, que decoraban las cabezas y que al menos algo hacían cuando daban con sus huesos en el suelo.

Los belgas de Lazer fueron los primeros en desarrollar y perfeccionar estas chichoneras, pero fue en el año 1975 cuando los amigos de Bell Auto Sports inventan el primer casco de ciclismo con una estructura externa plástica (EPS) y una interna de espuma moldeada. El primer casco de la era moderna llega con el nombre de Bell Biker.

El uso del casco: excusas sin fundamentos

Seguro que más de uno se ha sorprendido al ver que la obligatoriedad del casco en los ciclistas profesionales comenzó hace tan solo 15 años. Hace 15 años como sabemos, los cascos de ciclismo estaban lo suficientemente avanzados como para no ser más que un mero accesorio decorativo. Ya existían los sistemas de ajuste de nuca, así como las diferentes estructuras de materiales dependiendo de la zona del casco, las entradas de ventilación y las pruebas de resistencia por parte de los fabricantes. De hecho, la Snell Foundation americana (que introdujo un poco antes que Bell un casco para bici heredado del de moto pero más ligero) se dedica desde entonces, entre otros, a certificar los estándares de seguridad de los mismos.

Uso de los cascos en el pelotón

El tema es que los ciclistas no querían ponerse cascos ligeros, evolucionados y seguros con excusas como el calor, el sudor a la hora de subir puertos o las molestias de tener esos 300 gramos extra en su cabeza durante más de 6 horas de pedaleo. Nada que no se pueda llegar a entender, pero que si considerábamos que era y es la única forma de protección pasiva que usaban y que usan los ciclistas, es bastante asombroso que no quisieran usarlo.

Los 90 y principios del 2000 fueron épocas muy estéticas dentro del pelotón. Todos nos acordamos del pañuelo en la cabeza de Pantani o las gorras caladas de Miguel Induráin. Virenque se teñía el pelo de rubio y quería enseñarlo y así un suma y sigue de pasarela de moda que, si bien ayudó a que el ciclismo tuviera una renovación estética muy necesaria, chocaba en ese momento con el uso de un elemento como el casco que no era nada ‘cool’ para un ciclista profesional.

El primer intento en 1991

Y es que, si la lamentable muerte de Kivilev en 2003 fue el punto de inflexión para la UCI, la lucha de poderes entre ciclistas, asociaciones de ciclistas profesionales y UCI tuvieron sus más y sus menos durante muchos años antes de que el casco fuera obligatorio. En la París-Niza de 1991 la UCI realizó su primer intento de que el casco fuera obligatorio, entendiendo por casco los modelos con estructura rígida externa, no las chichoneras. Con esto consiguieron una huelga por parte de los ciclistas y una victoria de etapa retirada al francés Francis Moreau por quitarse el casco durante el ascenso del Mont Faron durante la etapa sexta.

Uso de los cascos en el pelotón

Cuatro años más tarde en 1995, fue otro de los momentos en los que el casco obligatorio volvió a la palestra cuando el ciclista italiano y corredor del Motorola Fabio Casartelli fallecía después de una caída en el descenso del Col de Portet d’Aspet en el Tour de Francia.

Giro de Italia de 2003

En mayo de 2003, tan solo 2 meses más tarde del fallecimiento de Kivilev, entraba en vigor la ley de la obligatoriedad del casco, a excepción de los últimos 5 km de los puertos, donde se lo podían quitar (actualmente esa opción ya no existe). Muchos recordamos ese Giro donde los corredores devolvían los cascos al coche de equipo como si llevaran un nido de pájaros en la cabeza o algunos de ellos que lo tiraban a la cuneta… Las multas por salir sin el casco o quitárselo fuera de las zonas señaladas iban desde los 132 a los 6.624 euros y la pérdida de 50 puntos en la clasificación mundial de la UCI.

De la estética a la aerodinámica

Pero si el casco entró en el ciclismo profesional de manera obligatoria y tocando el bolsillo de los ciclistas y los equipos, la industria fue mucho más amplia de miras que los propios profesionales y comenzó a ver en el casco un elemento aliado no solo por la seguridad, sino también por la aerodinámica, la estética y el marketing.

Las empresas de cascos comenzaron desde ese 2003 a luchar por estar en los mejores equipos del pelotón. Eso aceleró la investigación por buscar modelos más seguros y más ligeros. Su presencia en las cabezas de los mejores ciclistas del mundo produjo un efecto dominó de ventas totalmente disparado.

Uso de los cascos en el pelotón

El casco, además, suponía un espacio más donde poner publicidad o donde buscar ese estilo más personal de cada ciclista. Los departamentos de marketing se rascaron las cabezas sin casco en sus cómodas oficinas y se dieron cuenta de que el casco era uno de los puntos más visibles en televisión durante las carreras.

Otros departamentos, como el de diseño, también rascaron sus cabezas y empezaron a hacer cascos mucho más aerodinámicos, no solo para la contrarreloj. De hecho, hoy en día verás que excepto en las etapas de mucho calor, casi todos los ciclistas optan por cascos con menos entradas de ventilación, pero también menor resistencia al viento. Todo sea por arañar un vatio extra al potenciómetro.

Seguro, pero no infalible

Lo de hoy en día es espectacular. Cascos de poco más de 200 gramos con sistemas de seguridad como el MIPS que os comentábamos en el número anterior de Maillot, o el ANGI recién presentado por Specialized que es capaz de llamar, por si solo (junto con tu Smartphone) a emergencias si tienes una caída fuerte. Cascos súper cómodos y que, con unos estándares de calidad muy elevados, han logrado que la gama media herede la mejor tecnología de las gamas superiores, cosa que de otro modo hubiera sido imposible.

Los casos de Casartelli o Kivilev son algunos de los muchos que sensibilizaron a un pelotón que entendió en 2003 a base de golpes y de decreto ley, que un elemento como el casco no podía ser de ningún modo opcional. Pero del mismo modo que el casco puede salvar vidas, no es siempre una garantía ante un accidente. En el Giro de Italia de 2011 el corredor belga Wouter Weylandt perdía la vida en el Passo di Bocco. Weylandt llevaba casco. Y es que el casco reduce mucho las posibilidades de lesiones craneales en caso de accidente, pero no es un sistema infalible para salvaguardar las vidas de los ciclistas.

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Hay que considerar que un elemento de poco más de 200 gramos como comentaba antes, es el único encargado de proteger a un ciclista que rueda a velocidades media de más de 40 km/h durante todo un Tour de Francia, que desciende puertos a más de 100 km/h y que tiene que frenar con un sistema de frenos de hace más de 50 años, porque los frenos de disco todavía cuentan con muchos detractores en el pelotón…

Uso de los cascos en el pelotón

El ciclismo de carretera es un deporte que aún ostenta demasiado conservadurismo evolutivo. Sería mejor no dejar que las reglas que añaden seguridad tarden tiempo en ser adoptadas por los deportistas y por los que regulan el deporte.

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