¿Es posible el dopaje tecnológico en el ciclismo de alta competición?

El llamado dopaje tecnológico ha sido la evolución del dopaje médico que se ha perseguido en el ciclismo en los últimos años. Existen dos sistemas conocidos (motores al pedalier y ruedas con imanes), pero ¿es posible su presencia en la alta competición?

¿Es posible el dopaje tecnológico en el ciclismo de alta competición?
Autor Maillot J. Daniel Hernández
Autor de la foto
UCI, archivo

Fecha de la noticia24/08/2021


Desde hace algunos años el dopaje en el ciclismo (sospechas, acusaciones, etc.) ha saltado de la parte humana a la parte mecánica. De los suplementos “médicos” para mejorar el rendimiento del ciclista se ha pasado a componentes mecánicos (motores y otros sistemas) que exigirían menos esfuerzo en el pedaleo o que darían un “extra” de apoyo en momentos puntuales.

Las sospechas están ahí (los vídeos de conspiraciones están a la orden del día) y la UCI está realizando controles desde hace mucho tiempo en busca de motores ocultos (principalmente desde el caso de la ciclista de CX Sub-23 belga Femke Van den Driessche) en casi todas las competiciones, especialmente en las más importantes.

¿Existe dopaje tecnológico en el ciclismo de élite?

Y ¿por qué nos planteamos si el dopaje tecnológico existe en la alta competición? Por varios motivos, como que la alta competición es la que más interesa al público general y donde más alarmas saltarían y más alcance tendría si se diese un caso así. Pero también porque no hay que negar que el dopaje tecnológico existe, es una posibilidad real y existen fórmulas para “beneficiarse” de ello. Lo cierto es que, cuanto más bajo sea el perfil de la competición, marcha o, simplemente, el propio usuario, más fácil es que exista este tipo de dopaje y menos posibilidades de detectarlo.

Sin embargo, en el ciclismo de élite existen muchos factores que hacen que sea muy interesante detenernos en ello. Antes de analizarlo, vamos a recordar que básicamente se habla de dos sistemas: un pequeño motor que apoya el giro de los pedales a través del eje del pedalier, como en las e-bikes normales, pero mucho más pequeño y discreto; y de un sistema de imanes de neodimio en las ruedas que, además del impulso extra, podrían llegar a recargarse con el propio pedaleo.

¿Es posible el dopaje tecnológico en el ciclismo de alta competición?

¿Es posible el dopaje tecnológico en el World Tour?

Como decía, cualquier prueba del World Tour es la más vigilada, aun así, la sospecha en los últimos años se ha mantenido y la UCI hace controles constantes, tanto con cámaras térmicas para buscar los motores en el pedalier como con elementos capaces de detectar los campos electromagnéticos que crearía el sistema de imanes en las ruedas.

Evidentemente los riesgos, consecuencias y sanciones para un ciclista serían las mismas que con el dopaje médico (y hasta cierto punto se han seguido dando casos) pero en Maillot Mag pensamos que las posibilidades de detectar el mecánico, los contras y otras consecuencias hacen que sea menos posible que sea realidad.

Como digo, no sólo por la sanción que le puede caer al corredor, también por lo que implica para el equipo, ya que en estos casos se puede considerar dopaje institucional ya que se debe contar con, al menos, el soporte de un mecánico, algo que sería mucho más fácil de demostrar que lo que sucedía con determinados “médicos” deportivos.

¿Es posible el dopaje tecnológico en el ciclismo de alta competición?

También porque, aunque de estos sistemas se dice que no hacen ruido, sí que lo hacen y al final se podría detectar en determinados momentos de la etapa, especialmente por un compañero en fuga, por un mecánico, etc. Y el riesgo de una caída y que la bici acabe en manos de alguien “fuera de la trama” también existe.

Pero hay otros elementos mucho más importantes como que, en este caso, entran en juego contratos mucho más grandes (económicamente hablando y en importancia) que los de un solo corredor, sino que están los fabricantes con los equipos, la manipulación implícita de la instalación de un sistema de motor en el pedalier y lo que puede suponer a nivel de imagen, prestigio, etc. para la marca de bicicletas, para el equipo y el resto de implicados. Como muestra, del caso de la ciclista belga Femke Van den Driessche (6 años de sanción por parte de la UCI) de la que se dijo que Wilier, la marca de bicicletas que usaba en ese momento, se planteó también denunciarla.

Si analizamos el sistema que han llamado ruedas electromagnéticas o ruedas con imanes, vemos que siempre se ha hablado de ruedas específicas, con un perfil grande y mayor ancho para poder albergar dentro el sistema de imanes. Teniendo en cuenta esto se plantean varios escenarios. El primero es ¿realmente sería posible coger unas ruedas tope de gama, desmontarlas completamente (incluso abrirlas “por la mitad”) y volverlas a montar manteniendo los ratios de rigidez necesarios? Particularmente lo veo inviable porque se estarían corriendo excesivos riesgos al manipular de esta forma el carbono y porque el fabricante podría denunciar por manipulación indebida, daños, etc.

Pero si lo que pensamos es en ruedas fabricadas “ad-hoc” para albergar el sistema, en este segundo escenario debemos contar con algún fabricante de ruedas, por lo que, si un equipo o corredor va patrocinado por una marca determinada ¿no resultaría demasiado llamativo (además de fácil de identificar) verle correr con otras ruedas que, por tamaño (principalmente volumen) son completamente diferentes al resto del pelotón? Nuevamente hay que tener en cuenta no sólo la reacción de la UCI, sino también la de los patrocinadores oficiales.

¿Es posible el dopaje tecnológico en el ciclismo de alta competición?

Por último, un aspecto que puede resultar algo más banal, es que en el ciclismo el peso se mide al gramo, los corredores y mecánicos (y el equipo en general) tratan de limar peso de cualquier punto posible, siempre dentro de los límites UCI, que no hay que olvidar que esto también se vigila, mientras que la inclusión de estos sistemas sería incluir más peso y motivos de fricción, obligando al ciclista a arrastrarlo durante toda la etapa para obtener el beneficio durante un tiempo o distancia más corto.

¿De verdad un ciclista, especialmente de primer nivel, va a arrastrar un peso y/o fricción extra durante una etapa de 3 puertos de 1ª (si no más) para usarlo durante pocos kilómetros (si llega)? Más aún si hablamos de esos casos en los que, según se dice, la batería iría en un bidón. ¿No resultaría raro un ciclista que nunca cambia su bidón?

Conclusión

Que el dopaje tecnológico existe es una realidad, es algo innegable y de lo que no podemos perder la atención ni dejar de vigilar. Sin embargo, al máximo nivel se antoja mucho más complicado que lo que ocurría con el dopaje médico, ya que hay muchos más factores y elementos que pueden servir para detectarlo o para que haya una filtración o fuga que lo destape.

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