Boicots deportivos: cuando la guerra y la política llegan al deporte

La expulsión por parte de la UCI de los equipos y selecciones rusas y bielorrusas del ciclismo internacional es tan sólo uno de los últimos episodios dentro de la historia de los boicots deportivos, derivados de conflictos políticos o bélicos.

Boicots deportivos: cuando la guerra y la política llegan al deporte
Autor Maillot Víctor Marcos
Autor de la foto
Frans Van Heerden (Pexels)/UCI

Fecha de la noticia04/03/2022


La ofensiva militar rusa sobre las principales ciudades y enclaves estratégicos de Ucrania ocupa, desde hace ya varios días -por desgracia-, la portada de todos los periódicos, encabeza los informativos de televisión y radio, e inunda, como no, las redes sociales en todas sus vertientes.

Y el mundo del deporte ha sido, sin duda, uno de los primeros afectados por este conflicto, ya de escala mundial. Porque, de forma casi simultánea a las sanciones y restricciones económicas impuestas al gobierno de Vladimir Putin por parte de la Unión Europea, llegaban los primeros actos de bloqueo al deporte ruso, procedentes de todas las disciplinas y federaciones internacionales, a rebufo de la condena emitida por el Comité Olímpico Internacional acerca de la invasión rusa.

En el caso de Gazprom podemos observar muy bien las diferentes vertientes del boicot. La compañía del gas ruso, principal patrocinador del equipo ciclista continental que muchos conoceréis, no solo no podrá competir en el calendario internacional de la UCI, sino que ha visto como los patrocinios fuera de Rusia comenzaban a desmoronarse. Por ejemplo, el del equipo de fútbol alemán Schalke 04, que ha retirado su logo de la camiseta.

Como es lógico, se trata de atacar y debilitar la economía rusa, en este caso, a través de sus intereses en el deporte. Lo malo es que muchos deportistas de élite también están viendo truncada su carrera profesional hasta 'no se sabe bien cuándo'. Con la paradoja, además, en el caso de los deportistas rusos, que muchos de ellos se han manifestado en contra de la invasión a Ucrania. Aleksandr Vlasov, ciclista ruso del Bora-Hansgrohe, se expresaba hace unas horas de esta forma en Instagram: "Yo, como muchos rusos, solo quiero la paz. No soy una persona política y a la gente normal como yo no se le preguntó si queríamos una guerra".

Pero no es la primera vez en la historia que el deporte es utilizado por las grandes potencias como moneda de cambio e instrumento de presión política. En el caso concreto de Rusia, la Guerra Fría provocó el boicot de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Los soviéticos respondieron con su espantada en Los Ángeles 1984 y la organización de lo que llamaron 'Juegos de la Amistad'. Años atrás, en 1952, Stalin había prohibido que la antorcha olímpica pisara suelo soviético en su camino a Helsinki.

Con otros países en juego, en Melbourne 1956, Egipto, Líbano e Irak se negaron a participar como medida de presión por la intervención franco-británica sobre el Canal de Suez, mientras que España, Suiza y Países Bajos se acabarían retirando, en protesta por la ocupación soviética en Hungría.

No podemos olvidar tampoco el caso de Sudáfrica, país que estuvo excluido durante muchos años de las principales competiciones internacionales, debido a su política de segregación racial, lo que fue conocido como 'Apartheid'. Un aislamiento político, económico y deportivo que se inició poco después de que el Partido Nacional llegará al poder, en 1948, hasta la entrada de Frederik De Klerk en el gobierno, en 1989, cuando los sudafricanos comenzaron a disfrutar de una nueva constitución que derogaba el 'Apartheid' y sacaría de la cárcel a presos políticos como Nelson Mandela.

El siguiente paso fue el reconocimiento por parte del COI, la FIFA y demás organismos deportivos internacionales, aceptando el regreso y la participación de los deportistas, equipos y selecciones sudafricanas.

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