5 claves para combatir la retención de líquidos

Sensación de pesadez, de tobillos hinchados, fatiga, y aumento de temperatura son características en estas fechas. Vamos a ver qué causas contribuyen a la retención de líquidos, y cómo combatirlas. Pon las piernas en remojo, que ¡allá vamos!
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Autor Maillot Beatriz Martín
Autor de la fotoMariano Herranz

Fecha de la noticia 03/07/2019


Sin haberse presentado oficialmente el verano, ya hemos vivido jornadas de intenso calor, dónde las altas temperaturas nos recuerdan lo que es la “hinchazón de patas”. Suele coincidir además en la época que más horas solemos rodar, tenemos más o menos el “motor afinado” y nos exprimimos tanto en salidas con colegas, como en marchas ciclodeportivas o en competición.

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¿QUÉ ES LO QUE NOS OCURRE CUANDO RETENEMOS LÍQUIDOS?

Sabemos que somos aproximadamente un 70% agua. Dicho líquido elemento se localiza en el cuerpo humano básicamente en 3 lugares: dentro de los vasos sanguíneos (plasma), en las células (agua intracelular), y en el espacio intersticial (agua extracelular).

La retención de líquidos ocurre cuando el balance del agua que sale de las de las células o del sistema circulatorio es mayor que el que retorna y se acumula en el espacio intersticial produciéndose por tanto ese aumento de volumen.

¿QUÉ FACILITA ESTA SALIDA DE LÍQUIDO?

En primer lugar, cómo acabamos de ver (o sentir), el calor tiende a dilatar. Los capilares sanguíneos son conductos relativamente permeables con poros que en condiciones normales no dejan que salga líquido en exceso, pero que cuando se produce una vasodilatación (el vaso aumenta su tamaño), hace que los poros también sean más grandes y que parte del liquido salga al medio extracelular.

Contamos además con otros detonantes que, superpuestos a la subida del mercurio, fomentan que nuestro organismo retenga agua. ¿Qué otros factores influyen? Respecto a la alimentación, el consumo de demasiada sal, snacks, salsas industriales, fastfood, y comida precocinada no nos ayudan a estilizar nuestras piernas y sentirnos ligeros. Un exceso de sodio desequilibra la salinidad de nuestro medio interno, e invita a retener más agua para compensar.

Por otra parte, la carencia de proteínas (albúmina) y de otros minerales como el potasio y el magnesio también potencia dicha retención. Este desequilibrio salino también puede verse dado por la falta de hidratación (menos agua, mayor concentración de sal). Aunque cuando estamos muy finos suelen decirnos, “qué seco estás”, no por dejar de beber conseguimos ese efecto, más bien al contrario.

La deshidratación puede venir dada por la escasa ingesta de agua, pero también por el exceso del consumo de alcohol. Sí, has leído bien… una cerveza al terminar está bien rica, tiene sus vitaminas del grupo B, minerales, lúpulo, y es algo diurética como bien sabemos para justificar su ingesta sin remordimientos. Por tanto, en su medida puede ser saludable, pero no conviene pasarse pues el exceso de alcohol nos deshidrata también.

¿Cómo responde nuestro cuerpo ante el desequilibrio de la salinidad? lo hace sabiamente a través de una fluctuación hormonal. Aumentamos la hormona antidiurética y la aldosterona con el fin de guardar agua para evitar deshidratarnos y que nos baje además la presión arterial.

El resultado es menos líquido en la orina y más en nuestras piernas ya que por acción de la gravedad es dónde más tendemos a acumular el líquido. Hay otras alteraciones hormonales que también influyen, como las que se producen en la mujer durante la ovulación. Aun sin saber su nombre, todas hemos comprobado que un predominio de los estrógenos en la fase premenstrual hace que nos sintamos más hinchadas y pesadotas (entre otras cosas).

Tendremos en cuenta por último que una ropa excesivamente ajustada dificulta la circulación. Ojo con calcetines, zapatillas o culotes muy apretados. También que en salidas de alta intensidad en las que llegamos a sufrir microrroturas se produce una salida de líquido mayor de los vasos sanguíneos para que las proteínas plasmáticas acudan a reparar lo que hemos roto (proceso de inflamación). Además, hay medicamentos, ciertos antiinflamatorios, fármacos para la tensión arterial, la diabetes, o anticonceptivos que también pueden ser parte del origen.

Por tanto, si juntamos "musha" calor, sobreesfuerzo con microrroturas, hemos bebido poco, llevamos ese culote que tenemos que “domar” y nos aprieta de más y nos hemos pimplado esas “jarritas” (o jarrones) al terminar con un aperitivo salado, tenemos bastantes papeletas para que luego venga “Paco con las rebajas” y nos quejemos de hinchazón de piernas. Vamos a ver cómo evitarlo.

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