Afghan Cycles, pedalear por la igualdad en Afganistán

No es fácil encontrar una iniciativa relacionada con el mundo de la bici nominada para un Premio Nobel. Hace unos meses, el Parlamento Italiano pedía que el equipo nacional afgano de ciclismo femenino fuera premiado con el Nobel de la Paz

Afghan Cycles, pedalear por la igualdad en Afganistán
Autor Maillot Luis Miguel del Cerro
Autor de la foto
Jenny Nichols/ Deni Béchard/ Claudia López

Fecha de la noticia10/08/2016


Esto no hubiera sido posible si no fuera por el empuje y determinación de Shannon Galpin. En el año 2009 Shannon se convirtió en la primera mujer en llevar una mountain bike a Afganistán con el objetivo de concienciar sobre las barreras de género. En aquel momento ni ella misma sabía muy bien cuál podría ser la reacción en un país en conflicto y en el que rige una de las interpretaciones más radicales del islam. En 2010 volvió para hacer una ruta por el valle de Panjshir hasta Anjuman Pass, un recorrido duro y peligroso, de 160 km, para captar fondos para sus proyectos solidarios.

No tuvo problemas. No pasó nada. Pero lo comprendió rápido. Una mujer occidental, en realidad, no es una mujer… ni un hombre. Una mujer occidental es casi un tercer género. Muy distinta es la situación de las mujeres afganas.

Shannon Galpin conoció a un grupo de mujeres en Afganistán dispuestas a pedalearAllí conoció a un grupo de mujeres dispuestas a pedalear a pesar de lo que ello podía significar. Sí, en Afganistán una mujer montando en bicicleta es un tabú. La bicicleta en Afganistán representa exactamente los mismos valores que hace décadas representaba en el mundo occidental: avances, independencia… Una metáfora mecánica de la libertad que pone muy nerviosos a los que solo ven en la mujer un objeto o una empleada del hogar.

Afghan Cycles

Para Shannon Galpin la historia de un equipo de mujeres que quieren no solo pedalear, también competir, era una historia de valentía, libertad e independencia. Ahora solo necesitaba contarla. Para ello contó con Sarah Menzies, directora del documental en producción «Afghan Cycles»: «Shannon me habló de las mujeres ciclistas en Afganistán. Estaba muy claro que era una historia que tenía que ser contada al mundo. Esas chicas son muy valientes, toman unos riesgos enormes por hacer lo que aman, eso es lo que me hizo involucrarme en su historia. Una historia universal sobre cómo el deporte, y más concretamente el ciclismo, puede dar valor a las mujeres y derribar las barreras de género».

El objetivo del documental es destacar el valor de estas mujeres, apoyar su iniciativa y hacer que desde las instituciones afganas se respete su trabajo e incluso se potencie el uso de la bici entre las mujeres del país. Gran parte del trabajo está ya conseguido. Las diferentes noticias y trailers del documental han hecho que la labor de crowdfunding se convierta en sí misma en una forma de dar visibilidad a estas heroínas.

No es dificil imaginar que conseguir grabar un documental sobre mujeres montando en bici en Afganistán no ha sido fácil. Whitney Coonner Clapper nos comentaba hace un año: «Yo tenía mucha confianza tanto en el equipo como en nuestro guía, Najibullah Sedeqe. Cuando él me decía que bajara la cámara yo la bajaba inmediatamente. A veces tenía todo el tiempo del mundo para hacer la toma y en ocasiones hacía los ajustes de color desde el coche y salía rápidamente con apenas 8 segundos, o menos, para grabar la escena que necesitaba. En nuestro equipo confiábamos permanentemente en las intuiciones de los demás. Es fácil sentirse intimidado o atemorizado en zonas conflictivas y, si no hubiera confiado en mi equipo, el miedo me habría consumido y no habría podido filmar nada».

Las mujeres Afganas tienen que luchar por sus derechos a cada paso del camino, a cada pedaladaEsperanza

Aun así, nos confirma que hay margen para la esperanza. Las cosas van cambiando, aunque muy lentamente: «Afganistán, en general, sigue siendo un lugar difícil para las mujeres, más aún para trabajar. Pero muchas se están integrando en diversas áreas de la sociedad afgana en las zonas urbanas. La educación está impulsando entre los niños y jóvenes una sociedad más igualitaria, el problema es que la mayor parte del país es rural y analfabeto. En cualquier caso, sigue siendo una de las naciones más opresoras hacia la mujer, los talibanes tienen el control de muchas zonas del país y las mujeres tienen que luchar por sus derechos a cada paso del camino, a cada pedalada».

También surgen iniciativas ciclistas que no están conectadas con el equipo nacional de AfganistánTambién surgen pequeñas iniciativas ciclistas que no están conectadas con el equipo nacional que involucran a las mujeres. Al parecer han surgido varios clubs ciclistas en la zona de Kabul y un grupo en Bamiyán en el que una mujer está enseñando a las mujeres de su comunidad las ventajas de moverse en bici por su entorno.

La corrupción

Cuando grababan los primeros planos para el documental “Afghan Cycles”, cuando empezaron a dar difusión esta historia, el equipo no contaba con un verdadero entrenador, un mecánico y el material era muy precario. En ese momento su único apoyo era el de Mountain2Mountain, la organización liderada por Galpin. Precisamente, gracias al trabajo de la activista han ido consiguiendo más apoyo. Por un lado, ha conseguido donaciones económicas para dotar de un mínimo presupuesto al equipo y por otro, gracias al apoyo de marcas como LIV (Giant), las ciclistas afganas cuentan con bicis y materiales de entrenamiento dignos.

La corrupción también ha llegado a Afganistán a la par que el material y el dinero recaudado mediante las ayudasMaterial, dinero… Esto ha atraído otro de los grandes males de Afganistán: la corrupción. Hace unas semanas el New York Times publicaba un artículo en el que se acusa al presidente de la Federación, Haji Abdul Sediq Seddiqi,  de apropiarse de parte del dinero de las donaciones y de un mal uso del material donado. De hecho, la propia Shannon Galpin ha dejado de dar soporte económico a la iniciativa por este hecho. En todo caso, eso no significa que no vaya a intentar seguir apoyándolas: «Volveré a Afganistán para hablar con ellas, solo tenemos que ver maneras más creativas para prestarles ayuda».  

Hacia los Juegos

A pesar de todo y de todos, hay jóvenes muchachas como Mariam, Nazifa, Massouma o Sadaf que tienen un sueño: participar en unos Juegos Olímpicos. Cuando las ves pedalear con pantalones de chándal, el pañuelo bajo sus cascos y sus brazos cubiertos bajo el sol abrasador de Afganistán es difícil creer que eso sea posible. No sueñan con ganar, solo desfilar bajo la bandera de un país cuya sociedad les oprime pero que esperan cambiar pedalada a pedalada

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